Ciudad dormitorio
Otra vez me desperté demasiado temprano. He intentado los mantras para conciliar el sueño pero soy demasiado occidental para que funcionen. Calzado cómodo y a caminar un poco. Qué escenario diferente la ciudad a esta hora, todo parece calmo antes que la furia despierte. Se disloca un poco el tiempo, uno no sabe si está en una ruina o en un montaje futurista. Me detengo frente a una antigua casa en demolición. Las aberturas de madera con esas viejas banderolas se sostienen endebles entre los escombros. Aquí seguro viene un edificio. Qué pena. Me guardo un escombro en el bolsillo y sigo caminando, ni la cafetería está abierta aún. Ayer justo estuve recordando esa tienda de souvenires en la terminal de Formosa, yo me quería comprar esa mini torre de Pisa, pero la señora me dijo que no se vendía: es un recuerdo mío. Los recuerdos no se venden, los souvenires sí. Acabo de resolver un problema filosófico, madrugar es lo mío. Ya en casa, acomodo el escombro sobre la repisa, al lado de los demás objetos. Es extraño, una ciudad puede caber en la palma de una mano.

¿Cuantos mundos existen en la obra de Mirabella?
Esta muestra reúne dibujos, cerámicas y porcelanas en una suerte de jardín onírico. Quienes transiten por Ciudad Dormitorio quizás puedan ubicar ese "entre" al que nos invita. Entre el pasado perdido y el advenir que nunca existió. Entre el preciosismo de los detalles y el rebasamiento de un trazo que ¿sombrea?, ¿tacha?, ¿esconde? Entre el lenguaje de la academia y la invención de lo inesperado. Ese adentrarse en un universo extraño, lleno de escenas, de imágenes veladas, de voces y silencios.
Como pasear por un parque de provincia, con sus caminerías y pasarelas, con sus árboles y esculturas. Plantas, flores, lagos, bancos. Esa mixtura del diseño europeo, las mil y una noches, y el avance de lo selvático. La desmesura de lo tropical que siempre puja sobre la ordenada poda de los arbustos. Y ahí,  en cada rincón de ese paseo, suceden innumerables historias. Algunas parecen tan íntimas que solo podemos conectarlas con algo propio. Otras parecieran surgir del titular de un diario de pueblo: "Fue hallada la cabeza de Medusa en el paseo rosedal de los enamorados". Cosas del surrealismo de la vida cotidiana.
Entonces visitamos exposiciones, estudiamos obras de artistas, relacionamos períodos y construimos discursos. Nos aferramos al sentido y, como buenos creyentes, esperamos comprender, queremos saber qué quiso decir, qué significa. Taxonomizar, darle un lugar en la línea del tiempo. Son restos de la modernidad que habitan nuestros cuerpos. Efectos de una época hiper-normada por el cogito. Y ahí, justamente ahí,  Rosalba nos invita a cortar la cabeza.

Texto: Horacio Silva

Ciudad dormitorio, muestra individual de Rosalba Mirabella, en Tokonoma, Buenos Aires, 2023

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